La bienvenida de Corea del Norte a la economía de mercado. ¿Una revolución secreta?

 

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En el año 2016, la economía de Corea del Norte creció un 3,9 %. La tasa superó en más de un punto a la de su vecino rico del sur, que fue de 2,8 %. La respuesta: la reacción ante una muy incipiente apertura del mercado.

Aclaración importante: la cifra de crecimiento de 3,9 % está tomada de las estimaciones del Banco Central de Corea del Sur, dada la falta de credibilidad de las ofrecidas por Corea del Norte.

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El economista surcoreano Byung-Yeon Kim acaba de publicar un libro que genera más de una sorpresa: Unveiling the North Korean Economy: Collapse and Transition, Cambridge University Press, 2017. El libro de Kim fue considerado por The Financial Times como “lectura obligatoria para diplomáticos y hacedores de política”. Byung-Yeon Kim, profesor de la Universidad de Seúl, explica las causas del crecimiento económico norcoreano por dos razones: 1) las superficiales, una buena cosecha, más centrales termoeléctricas y mayor extracción minera, con ventas de carbón a China, y 2) las más importantes, las estructurales, que forman el núcleo del libro.

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Corea del Norte es noticia casi todos los días por sus amenazas nucleares. En la visita de Macri a Estados Unidos en abril de 2017, ante la insistencia por la apertura del mercado estadounidense para los limones argentinos, Trump le replicó “Yo le voy a hablar de Corea del Norte, él me va a hablar de limones”.

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El agobiante sistema político que reina en Corea del Norte por Kim Jong-un también es conocido. Y el número de refugiados que llega a Corea del Sur ha venido creciendo.

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Pero lo que Byung-Yeon Kim trata de explicar es una suerte de revolución silenciosa que se estaría dando en la economía norcoreana y que la larguísima brecha con Corea del Sur podría estrecharse, aunque sea tímidamente, en los próximos años.

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Después del colapso económico de la década de 1990, la economía entró en un vaivén de subas y bajas de crecimiento en la primera del siglo XXI hasta lo que parece la mejora  en los 2010s.
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El crecimiento de la economía norcoreana se está dando tanto en su sector formal como en el informal. Y la empresa privada, que aparece con timidez, más a la manera cubana que china, está cambiando la mentalidad de algunos de los norcoreanos. Byung-Yeon Kim establece un punto de partida para este cambio: la “byungjin line” que Kim Jong-un estableció entre 2011 y 2013, una política que contempla de manera simultánea el desarrollo económico y de las armas nucleares. 400 nuevos mercados, con más de 600.000 puestos, más los muchos “jangmadang” (mercados no oficiales). Estos ingresos “de mercado” explican del 70 % al 90 % de los ingresos de miles de hogares norcoreanos.

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Dice Byung-Yeon Kim: “Cosméticos, utensilios de cocina, helados y arroceras… Hoy prácticamente se puede comprar cualquier cosa en Corea del Norte. Es una economía más o menos abierta: si los mercados demandan algo, los importadores lo traen de China. Hay hasta teléfonos celulares pero están controlados, por eso los que pueden hacerlo compran celulares de China y usan las redes de telefonía chinas. En Corea del Sur muchos llaman a Corea del Norte usando estas redes chinas”.

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¿Promoviendo el capital?

La entrevista de Francisco de Zárate a Byung-Yeon Kim, “En términos de apertura, Norcorea es como cualquier otra economía”, que aparece en Clarín el 20 de octubre de 2017 es más que interesante. Reproduzco algunas partes:

– ¿Cómo se relaciona el avance de la lógica del mercado con la mejora de la cosecha?

– La cosecha en Corea del Norte depende principalmente del clima y los fertilizantes, pero en los últimos tiempos Kim Jong-un implementó una especie de reforma agrícola. En los países socialistas, donde todos son tratados igual, las granjas colectivas reducen los incentivos para trabajar duro. En esta reforma se ha reducido el número de familias que trabajan juntas para aumentar así la productividad:ahora hay más gente que quiere trabajar duro. Los buenos datos de la agricultura pueden atribuirse tanto al buen clima como a esta reforma.

-¿Es una reforma similar a la llevada a cabo por China a fines de los 70?

– Esta es de menor escala. Ellos comenzaron entonces la “decolectivización” para conceder a cada familia un pedazo de tierra. Lo de Corea del Norte no ha llegado a ser “decolectivización” sino más bien reducción del número de familias responsables por un pedazo de tierra. Por eso también creo que el efecto sobre la productividad, aunque importante, será menor que el de la reforma en China.

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– ¿De cuántas a cuántas familias ha pasado la administración de las granjas norcoreanas?

– Las granjas colectivas solían tener entre 200 y 300 familias trabajando la tierra. Según los informes que tenemos, ahora son 3 o 4 familias. Pero no podemos saber cuán ampliamente ha sido implementado o si es sólo un experimento por la falta de datos oficiales. Cuando China “decolectivizó” la agricultura a partir de 1978, la producción agrícola creció 7% por año. En Corea del Norte, la suba de la producción es más modesta. Hay otros factores, como los abonos o los problemas técnicos, pero estimamos que si esta reforma se hubiera implementado en todos lados, el incremento de la producción agrícola habría sido de 5% y no fue lo que pasó.

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– En su libro relata varias idas y vueltas entre la economía de mercado y el socialismo en los últimos años, ¿cómo se explica este zig zag de Pyongyang?

– Fue un zigzag hasta 2011 porque los mercados eran vistos como el enemigo que a largo plazo podrían terminar con el régimen. El problema es que en el corto plazo pueden ayudar porque gracias a ellos sobrevive la gente. Son una espada de doble filo. Kim Jong-un parece haber entendido que no puede hacer nada sin los mercados y por eso los permite mientras se concentra en las armas nucleares.

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– ¿Por qué a largo plazo los mercados son el enemigo que puede terminar con el régimen?

– Hay tres problemas aquí. En circunstancias normales, los mercados tienen una tendencia a crecer porque los mueven la necesidad de supervivencia y el deseo de riquezas, dos atributos que forman parte de la naturaleza humana. Pero en estos mercados hay informalidad y coimas por todos lados. La gente soborna y los empleados públicos se dejan comprar porque sin ese dinero no podrían sobrevivir:su salario es demasiado bajo. El problema es que aceptar una coima socava tu lealtad. Antes de que llegaran los mercados, cuando todo era racionamiento estatal, estos funcionarios podían sobrevivir sin coimas y, por lo tanto, eran leales al dictador. No sólo les daba poder sino también pan. Ahora el poder sigue viniendo del dictador pero el dinero viene de los mercados y los intereses de los dos no coinciden. El segundo problema es el de los cambios en las normas sociales para aquellos involucrados en los mercados. Al que hace transacciones le puede gustar más esa economía que la socialista. Yo lo detecté entrevistando a los distintos refugiados norcoreanos que llegaban al sur. Entre los que habían estado comprometidos en actividades de mercado había muchos que percibían que el socialismo era malo y la economía de mercado, mejor. Y por último, los mercados están absolutamente ligados al comercio exterior, que es un negocio muy lucrativo. Hay gente haciéndose muy rica comerciando con otros países, especialmente con China. La mayoría de esas personas también forma parte de la elite del poder, y eso es un peligro potencial para el dictador. Si bien su poder es mucho menor que el de Kim Jong-un, pueden hacerse más ricas que él de alguna manera y hasta tener los recursos necesarios para contratar a sus soldados privados. Por eso Kim Jong-un aplica lo que yo llamo la política del miedo con estas élites del poder. Por eso mató a su medio hermano y a muchos miembros del poder. Son potencialmente peligrosos. Como todo el que tiene dinero, quieren proteger sus riquezas y podrían hacer algo contra él.

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– Permitir el mercado para que la gente sobreviva, y asustarlos para que no se rebelen… ¿Cuál es la relación con las armas nucleares?

– Todos los dictadores buscan dos cosas: tener a la gente feliz en lo económico, para que no se rebele,y cuidar el frente exterior. La preocupación de Kim Jong-un es que Estados Unidos haga algo contra Corea del Norte. Por eso la política oficial es el desarrollo simultáneo de las armas nucleares y de la economía. A corto plazo deja que crezcan los mercados pero le da miedo lo que puedan generar a largo plazo sobre su poder. Por eso se concentra en el armamento nuclear que le asegura el poder. Además, tal vez también le permita traer dinero de otros mercados. No podemos saber exactamente qué piensa pero si hace bien su jugada, en una negociación para la desnuclearización tal vez haya que poner un precio. Tal vez Kim Jong-un un día diga:“¿Está bien, ¿cuánto nos pagan?” –

Hay quien dice que Corea del Norte es un país aislado, sin relación con otros países, pero esa es una percepción errónea. Este país ha cambiado completamente. En términos de apertura es como cualquier otra economía abierta. Por eso las sanciones podrían servir para que este juego termine pacíficamente. No se trata de cambiar su forma de pensar directamente sino de forma indirecta a través del pueblo y de los funcionarios.

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– ¿Ve una transición hacia el capitalismo?

– A largo plazo, si el comercio y los mercados se expanden, tal vez sea vea forzado a institucionalizar completamente las actividades de los mercados y permita la propiedad privada, que todos puedan abrir sus negocios. Ahora mismo no quiere, pero si los mercados y el comercio crecen, tal vez se vea forzado a aceptarlo. Si se ve acorralado entre una pérdida total de poder y una parcial, es posible que elija la parcial.

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– Junto a los legales, usted ha subrayado el crecimiento de mercados informales tolerados por el gobierno, ¿por qué no regularlos en vez de hacer la vista gorda?

– En una economía socialista basada en la planificación central, cualquier tipo de actividad de mercado debería ser ilegal. En ese sentido, todos los mercados de Corea del Norte son ilegales. Pero otra definición es la que considera ilegales sólo a los que no pagan impuestos. En la Unión Soviética también había este tipo de mercados informales pero en Corea del Norte el fenómeno es mucho más importante:representan entre el 70 o el 90% del ingreso total, frente a menos de 20% en la Unión Soviética. Los valores en que se basan los mercados son contradictorios con los del socialismo y pueden socavar el control que ejercen las autoridades sobre la gente. Sean o no legales, los mercados son peligrosos desde el momento en que sus participantes entiendan que el capitalismo es bueno, porque les permite sobrevivir, y el socialismo es malo, por lo contrario.

– Entre 1994 y 1998 millones de norcoreanos murieron literalmente de hambre, ¿es algo del pasado o podría volver a ocurrir?

– La preocupación ahora es la desnutrición por la mala alimentación pero no morirse de hambre. Por supuesto que hay gente sin casa y que esas personas pueden estar pasando hambre severa, pero no es algo mayoritario. La desnutrición es visible con una simple comparación con Corea del Sur: en promedio, los norcoreanos miden seis o siete centímetros menos. Pero eso también está cambiando ahora gracias al crecimiento de su economía.

– ¿Ha aumentado la desigualdad con la introducción de los mercados?

– De los aproximadamente treinta mil refugiados norcoreanos que hay viviendo en Corea del Sur, yo he investigado unos dos mil casos y he encontrado mucha desigualdad en los ingresos. A partir de las entrevistas a estos refugiados, mi estimación del coeficiente de Gini da casi 0,6, un valor más alto que para América Latina (los valores del coeficiente de Gini oscilan entre 0, igualdad total; y 1, desigualdad máxima). La norcoreana es una sociedad extremadamente desigual: mientras algunos reciben inmensos beneficios por los mercados, el comercio exterior, los abusos de poder y las coimas; otras personas tienen muchas dificultades para llegar a fin de mes.

– ¿Vivir en un país socialista y sufrir esos niveles de desigualdad no enfurece a sus habitantes?

– El sistema de control en Corea del Norte está muy bien desarrollado, mucho más que en la etapa estalinista de la Unión Soviética. Si la gente está llena de furia no puede expresarlo públicamente. Si dicen algo en público pueden ser arrestados, encarcelados o hasta ejecutados.

 


 

Revelando la república hermética

El imperdible documental “Bajo el sol”, que está en Netflix, nos acerca a ese mundo. Zin-mi, una niña de ocho años, se prepara junto a su familia para entrar a formar parte de la Asociación Infantil de Corea del Norte. Filmado por Vitaly Mansky, nacido y criado en la Unión Soviética, intenta mostrar al mundo el estilo de vida de la familia norcoreana media.

La película muestra, sobre todo al principio, aquello que el gobierno de Corea del Norte quiere mostrar: una monumental obra de propaganda que anuncia al mundo la felicidad que sienten los norcoreanos, viviendo en armonía. O, como dice nuestro experto argentino en Corea del Norte, Agustín Menéndez, se puede ver a través de esta película lo que el gobierno norcoreano muestra y, por la ausencia, lo que no permite mostrar.

Después de dos años tramitando el permiso para grabar, Mansky entendió rápidamente que el gobierno norcoreano esta decidido a editar cada segundo de la película. “Hemos grabado en sitios complicados, pero nadie podía imaginar que íbamos a estar tan controlados”, dice una de las productora, Simone Baumann. Un equipo “asesor” gubernamental acompaña cada toma. La estrategia de Mansky para mostrar la censura norcoreana: grabar entre las tomas a esos hombres de negro dando instrucciones precisas.

Los hombres de negro indican cómo deben comer en la cena. A pesar de la experiencia de Mansky grabando en entornos restringidos, vio en Corea del Norte cosas sorprendentes, como que los niños nunca miraran a la cámara. A pesar de una que otra vez en que un niño le saca la lengua, todos se muestran muy controlados. Para lograr lo que quería, Mansky usó de artilugios: “Fue relativamente fácil porque los norcoreanos no sabían que hay cámaras que pueden seguir grabando aunque el piloto rojo no esté encendido”.

Desde que se estrenó el documental, Zin-mi se ha convertido en una especie de celebridad en su propio país. Los medios norcoreanos informan de que el pasado mayo la niña entregó a Kim Jong-Un un ramo de flores tras la celebración del 7º Congreso del Partido del Trabajo.

Tomás Urbina, “Este es el documental que Corea del Norte no quiere que veas”, en Vice


 

Una fuente de ingresos: los trabajadores de Corea del Norte “esclavizados” en Rusia

De la BBC Mundo 23 de julio 2015, “En la región del Lejano Oriente ruso hay un “boom” de la construcción, pero los trabajadores que lo sustentan no son rusos: llegan de la totalitaria y secretista Corea del Norte. Viven en complejos cerrados y, según grupos de derechos humanos, son trabajadores esclavos enviados por el régimen de Kim Jong-un. El país asiático se enfrenta a su peor sequía en el último siglo y Naciones Unidas ha alertado de que puede producirse una gran hambruna.

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Los trabajadores norcoreanos en Rusia viven en complejos cerrados a los que los extraños no pueden acceder

Una de las formas que tiene el régimen de conseguir el tan necesitado efectivo es el trabajo en el extranjero, así que el presidente Kim Jong-un ha aumentado el número de brigadas enviadas fuera. Decenas de miles de norcoreanos trabajan de esta forma en Rusia, muchos en el sector de la construcción.

Es muy difícil hablar con ellos. Les da terror decir algo inadecuado: tienen familias en Corea del Norte.

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“No cobramos un salario”, le dijo uno de estos trabajadores a un periodista de la BBC

“No nos dieron opción, teníamos que venir. Yo hubiera preferido quedarme en mi país”, le dijo uno de estos trabajadores al periodista de la BBC Stephen Sackur.

“Venimos, trabajamos y volvemos”, añadió.


 

 

Agustín Menéndez, sobre el libro de Daniel Tudor y James Pearson, North Korean Confidential.Private Markets, Fashion Trends, Prison Camps, Dissenters and Defectors, China, Tuttle Publishing, 2015 (uno de los mejores libros de ese año, de acuerdo con The Economist)

Corea del Norte confidencial
2 de junio de 2016
Lo más interesante del libro es el manejo de las fuentes que tienen los autores: embajadores de países con representación diplomática en Corea del Norte, desertores de todos los ámbitos, trabajadores de ONGs que han estado ayudando al país contra la hambruna, turistas, periodistas y especialistas en el tema que investigan y procesan la escasa información que provee Corea del Norte.
Por Agustín Menéndez

North Korea Confidential

El reciente libro “North Korea Confidential: Private Markets, Fashion Trends, Prison Camps, Dissenters and Defectors” sobre la vida cotidiana en Corea del Norte escrito por los especialistas Daniel Tudor y James Pearson, encara de una forma poco ortodoxa las visiones simplistas y comunes que rodean al “reino eremita”. La principal contribución del libro es graficar las bases económicas que mantienen con vida al régimen de Kim Jong-un.

El libro está separado en siete capítulos sin conexión alguna que ahondan en temas claves y actuales de Corea del Norte y los cambios que se van produciendo en distintos ámbitos a partir de las nuevas políticas implementadas por el nieto de Kim Il-sung.

Lejos de la situación dramática vivida luego de la caída del comunismo soviético y la sequía que produjo en 1995 una feroz hambruna que duró cinco años, Kim Jong-un ha adaptado tibias medidas para abrir y lograr el ingreso de divisas con el objeto de mantener al régimen norcoreano bajo la premisa ideológica Juche, en la que Corea del Norte a través de las masas se mantiene independiente en su camino dentro del socialismo.

Para lo que se considera la clase alta del régimen, aproximadamente entre un 10 a un 15 por ciento de la población, se inclinó el régimen a conseguir financiamiento para el ocio (el resort de ski más exótico del mundo “Masik Pass Ski Resort” con más de 16 km de pistas, el parque acuático “Munsu”, pistas de bowling, salas de karaoke y restoranes que empiezan a divulgar comida “global” para propios y turistas). Pyongyang, ciudad que alberga a la clase dirigencial, se ha convertido en una jaula de oro para los adictos al régimen y centro turístico.

Así como conviven campos de concentración y de trabajo forzoso, se entremezclan lujos y extravagancias para la clase alta del régimen. Las demás ciudades de Corea del Norte también pueden tener su ámbito lujoso pero sólo para aquellos que mantienen el orden y sostienen la forma de vida que requiere el mantenimiento del régimen.

Lo más interesante del libro es el manejo de las fuentes que tienen los autores: embajadores de países con representación diplomática en Corea del Norte, desertores de todos los ámbitos, trabajadores de ONGs que han estado ayudando al país contra la hambruna, turistas, periodistas y especialistas en el tema que investigan y procesan la escasa información que provee Corea del Norte. Como vemos las fuentes son múltiples y requirió trabajar con fuentes rusas, chinas, coreanas y europeas de todo tipo.

El resultado es un asombroso fresco de la vida cotidiana de Corea del Norte, las nuevas tendencias de moda en Pyongyang, el mercado negro de bienes y servicios, la convivencia con una corrupción desmedida en todos los estamentos de la sociedad y la ferocidad contra los detenidos en los campos de trabajo forzado y muerte (Kyo-hwa-so). El mundo de contrastes: Pyongyang-interior, mercado negro-Estado, burocracia estatal-sociedad civil, son esferas de aislamiento y control interno y externo por parte de la población misma y los distintos aparatos del Estado.

Es un libro, en fin, imprescindible para entender Corea del Norte en la actualidad y la complejidad interna que existe dentro de sus fronteras. Asimismo, es un trabajo muy logrado que supera con creces la mirada certera pero incompleta del último Estado stalinista que sigue en pie en el mundo

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