No se puede hacer una tortilla sin romper los huevos: el origen de una frase famosa. Los historiadores siempre encontramos que las invenciones nunca son totalmente novedosas y que siempre hay algunos antecedentes

romper

François-Athanase Charette de la Contrie

Siempre creí que esta frase era paternidad de nuestro querido General Perón.

La imagen puede contener: una persona, sonriendo

Pero algunos atribuyen su uso e invención a otros tiempos y otros espacios.
Aparentemente, Josef Stalin le habria dicho a su mano derecha Lázar Kaganóvich, Primer Secretario del Partido, según un artículo publicado en 1932 por la revista Time, que era necesario “romper algunos huevos para hacer una tortilla” (según Álvaro Lozano Cutanda, en el libro “Stalin, el tirano rojo”, esto significaba implícitamente que “no se podía construir el socialismo sin romper cabezas”).
Leyendo a Orlando Figes, en “Los que susurran”, parece que la frase”No se puede hacer una omelette sin romper huevos” era parte del vocabulario común de la época en la Unión Soviética. Así, algunos atribuyen la paternidad de la frase a Lenin, aunque el camarada habría dado una versión algo diferente “lyes rubyat, shchepki letyat” (para cortar un árbol, es necesario que salten al aire las astillas).

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Pero hay una versión anterior. En el “Journal of Adventures with the British Army – Volume II” de 1856 (un racconto muy interesante, por otro lado), el militar británico George Cavendish Taylor, al discutir diferentes estrategias militares y justificar una que era particularmente sangrienta, dice “Our loss would of course have been greater, but our success would have been more complete; and, as Pelissier observed, One cannot make omelettes without breaking eggs.” (Pellicier era un general francés que se había destacado en la conquista de Argelia y había sido uno de los últimos comandantes en jefe de la guerra de Crimea).

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Pero aparentemente Pellicier habría tomado la frase de otros coterráneos. Se la atribuye a Robespierre para justificar alguna de sus acciones sangrientas. Aunque parece que, en realidad, el autor original fue François-Athanase Charette de la Contrie, uno de los principales protagonistas de la guerra contrarrevolucionaria de la Vendée. Charette era un noble católico que, durante la primera mitad de 1793, comandó uno de los ejércitos que se alzaron en contra de la Revolución francesa. Charette fue apresado en marzo de 1796 en Nantes y acusado de la muerte de miles de personas en su fervor contrarrevolucionario. El noble se encogió de hombros y respondió “on ne saurait faire d’omelette san casser des oefs”. Aunque un diccionario de Oxford señala que la expresión ya era popular en Francia desde 1740.
Ay Dios mío, si seguimos así probablemente encontremos a algún romano que la inventó. O que fue una de las primeras expresiones del lenguaje complejo surgida del neolítico. En todo caso, hay que reconocer que el uso que le dio nuestro querido General fue mucho más pacífico que el que le habían dado los supuestos inventores de la frase.

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